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El Señor de los Gatos (Sin Historial)

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El Señor de los Gatos (Sin Historial)

Mensaje por Pandora el Mar Jun 18, 2013 10:33 pm

NOTA: No tendrá mucho sentido si no han leído Sin Historial ya que este fic narra la Historia desde el punto de vista de Irah (El prota masculino) y aún no sé si haré la historia desde el inicio de los tiempos xD 
aunque tal vez a medida que avance la historia se entenderán mas cosas por los flashback 
 
El Señor de los Gatos.
Capítulo 1.


Inhalé hondo, dejando que el aire puro del bosque llenara mis pulmones con las fragancias de la tierra, el sol, el pasto verde y ese aroma único de los lugares que no han sido tocados por el hombre… el aire estaba… limpio, tan limpio como me gustaría estar a mí, inalterado, inmaculado… libre.
Caminé por el bosque disfrutando la brisa tibia y el calor del sol sobre mi torso desnudo, una fina película de sudor cubriendo mi cuerpo, entonces sentí “el llamado de la naturaleza” me acerqué a un árbol, despreocupado ante la obvia ausencia de otras formas de vida inteligente, terminé y subí mi cremallera, una ramita se quebró a mi espalda y me giré hacia el sonido, entonces, me congelé. Frente a mi había una chica, una hermosa chica en pantalones cortos y una camiseta, sudaba, su piel estaba cubierta de ligeras pecas, su cabello era rojo, una mochila a su espalda, la brisa me trajo un ligero olor a vainilla, ella me miraba, ojos violetas como el amanecer sobre mi… absortos. Ella traga y comienza a acercarse como si temiera asustarme, aún estoy congelado, mirándola avanzar casi en cámara lenta, entonces reacciono, no debo dejar que me toque, doy un paso hacia atrás
-          ¿Por qué no usa ropa? – me pregunta como si eso fuera tan importante, la miro desconcertado, preguntándome de dónde demonios llegó.
-          ¡No te acerques! – le grito saltando hacia atrás mientras ella se mueve hacia adelante
-          Solo quería ver mejor- dice ella, mentira, es lo que pienso yo - ¿qué hacía? – me pregunta
Me pilla por sorpresa, no sé muy bien que hacer ahora, desconfío de ella, podría ser alguna trampa de Adel, ella me mira como si nunca hubiera visto algo parecido, por algún motivo su expresión tan inocente despierta desconfianza en mí, también es muy linda, no, hermosa, pero creo que esa no es la cuestión en este momento, se supone que yo no persigo mujeres, me recuerdo a mí mismo, aunque la posibilidad de la combustión espontánea es suficiente incentivo para alejarme de ella. Da otro paso hacia mí
-          ¡Te dije que no te acercaras! -  grito enojado ahora, ella se detiene y parece un poco asustada, como si no se esperara mi reacción, joder, ¿que esperaba, que me arrojara a sus brazos?
-          Solo quería…
-          Verme mejor – la corto- ya lo has dicho – Dios, que era ella, ¿la jodida loba feroz? Porque me estaba empezando a sentir muy caperucito aquí.
-          ¿Por qué se mueve? –pregunta moviéndose a la izquierda, yo imito su movimiento en dirección opuesta
-          ¿Por qué te acercas? – pregunto
Ella cruza sus brazos, parece molesta, por retorcido que parezca me gusta esa expresión en su rostro, su cejas fruncidas y su mirada seria, como si se dispusiera a dar un sermón, tan… adorable… diablos, si esto es una trampa, es una muy buena
-          Esa no es una respuesta – dice ella
Me encojo de hombros y meto mis manos en los bolsillos del pantalón, ella me mira fijamente, evaluándome con descaro, eso hace que algo dentro de mí se inquiete, ¿tal vez hace un poco más de calor de pronto?
-          Como quiera – dice soltando el aire- tú te lo pierdes
Frunzo el ceño y decido que mejor no me arriesgo, me doy media vuelta y camino hacia el sur
-          ¡vete! – grita a mi espalda - ¡Al cabo que ni me importa!
Dios, puede que esta mujer esté un poco loca, doy otro paso y escucho un ruido detrás de mí, luego algo choca contra mi espalda
-          Que dem..? – me tenso, esperando la explosión, ella aferra sus manos a mi cuello - ¿puedes solo…?- forcejeo con ella colgada a mi espalda tratando de sacarla- ¿Quitarte de encima? - termino la frase y la arrojo sobre mis hombros depositándola sobre el suelo sobre su espalda suavemente- bueno, bueno… - digo sorprendido y disfrutando la vista de su cuerpo bajo el mío – esto es una sorpresa – ella mira al cielo y yo frunzo el ceño – no se suponía que me tocaras – le explico algo perplejo ante el camino que estaba tomando esto
-          Solo quería que se detuviera – dice ella mientras se pone de pie, ella mira sus piernas y yo sigo su mirada, están cubiertas de hormigas, ella salta y chilla- quítelos! – sacudiendo sus piernas con las manos- oh, por todo lo que es sagrado – ella está al borde de las lágrimas y las hormigas la cubren cada vez más.
-          No te muevas – le digo
-          ¿A dónde podría ir con mi pierna siendo devorada por pequeños monstruos come-carne? -replica
Me quito los pantalones y  golpeo sus piernas con ellos sacando todas las hormigas, o al menos eso parece
-          Tiene un montón de pelo – dice ella un poco sorprendida
-          ¿Qué has dicho? – pregunto y mi voz se quiebra en la última sílaba cuando me percato de la dirección de su mirada, ella apunta un dedo hacia mis muslos, mi respiración un poco más superficial ahora.
-          Tiene un montón de pelo… yo no tengo- dice ella alzando sus ojos sesgados, exóticos jodidamente hipnóticos, desvío la mirada y me pongo mis pantalones- Espere deje y le muestro – dice mientras se pone de pie y desabrocha sus pantaloncillos
Agarro sus muñecas evitando que vaya más lejos y la miro con lo que espero sea una mirada severa - ¿A qué demonios estás jugando? -  mientras la sujeto abrocho mis propios pantalones
-          ¡Mil gracias! – exclama de pronto arrojándose contra mi cuerpo- ¡Gracias, gracias, gracias, gracias!
Me tenso cuando apoya su cabeza en mi pecho y me tenso aún más cuando rodea mi cintura con sus pequeños brazos, jodido Dios, ella es tan suave en todos los lugares correctos. Ella se aparta pareciendo indignada y cruza sus brazos sobre su pecho, alzando sus senos, muy bien, no iré por ese camino, levanto mi mirada a sus ojos
-          ¿Es que todo el mundo es tan frío? – espeta, sus ojos violeta chispeantes de ira, si ella supiera, frío no es exactamente como yo definiría mi estado actual -¡No se vale! ¡no puedo ser la única normal! – exclama ofendida
Suspiro y la molestia supera mis otras emociones, ¿qué espera? ¿Qué sea su jodido oso de peluche?
-          Deja ver si entiendo – digo mientras paso mi mano por mi barbilla – Primero vienes y me interrumpes cuando… - me callo de pronto algo avergonzado de hacer eso al aire libre
-          ¿Cuándo…? – me alienta ella
-          Cuando estoy ocupado – digo cortante- Luego, comienzas a hostigarme con ese cuento de “para verte mejor” – ruedo mis ojos- Joder, eso es tan del tipo “El lobo y la caperucita”
Ella parece confundida
-          Antes que todo, mi nombre es Anaya y aprovecho de agregar que entiendo perfectamente de lo que habla, lo sé todo – su voz destilando sarcasmo
Me importa un carajo que el juguetito de Adel se enoje, no quiero tener nada que ver con ella, combustión espontánea o no, chica hermosa o no, ojos inocentes o no, esta era una buena, me pregunto si Adel le habrá dado clases de actuación en persona porque las expresiones de su rostro eran tan sinceras que cualquiera menos desconfiado que yo habría caído en picada ante esos ojos salvajes, esas suaves curvas, y esa cándida apariencia de no rompo un huevo, Ja! No me dejaría engañar por esa perra, no señor.
-          Detén tu actuación ¿si? - espeto
Ella junta sus cejas y me mira confundida
-          No estoy actuando. Además, para ser un gato, no es nada divertido
-          ¡¿Gato?! – exclamo sorprendido, ¿pero qué mierda? ¿Está loca? Joder, puede que le falte un tornillo o dos después de todo.
-          Para empezar, es demasiado frío – me increpa con toda seriedad, joder, ella parece muy convencida – se suponía que tendría un andar suave, me dejaría mimarlo, cazaríamos juntos y luego de comer, también juntos, me ayudaría a encontrar a Emil y yo no estaría más sola y….
-          Alto ahí – le grito para detenerla- ¡Joder hablas mucho!
Que era esa mierda de mimarme y ¿dijo cazar? ¿Quién mierda es esta mujer? ¿Por qué en la vida, Adel pensaría que caería en una trampa tan obvia y tan mal ejecutada? ¿Estaba insultándome deliberadamente?... cierto que la chica era tentadora pero apenas abría la boca…
-          ¡Y usted es un gato huraño! – me espeta molesta
-          Otra vez con eso…
-          Pero si eres un huraño. Yo solo lo abracé para agradecerle…
-          No te preocupes, nadie es perfecto – digo con condescendencia
Me mira como si pensara que soy un idiota, probablemente lo sea, no es que vaya a reconocérselo en voz alta, pero necesito que se callé y pensar, ¿será posible que de verdad crea que soy un gato? Si escapó de la grata, poco probable, debería tener el chip, deberíamos haber volado en mil pedazos, a menos que fuera un truco de Adel, por supuesto, por mucho que me odie, no la imagino volando en pedazos a cualquiera de sus preciados herederos.
Anaya parece haber llegado a alguna conclusión
-          Váyase al diablo, iré por agua – dice mientras se gira y comienza a caminar
Ya que no vamos a convertirnos en niebla rosa, decido seguirla y de paso seguirle el jueguito con esto del gato, tal vez ella cometería algún error y se delataría a sí misma
Me inclino hacia adelante y sobre su hombro susurro en su oído – Tu sabes, nosotros los gatos odiamos el agua…- los vellos de su nuca se erizan y continúo – porque, según entendí, tu manejas un montón de información acerca de mi especie ¿cierto?
-          Eso es lo que dije – dice ella sin inmutarse, miente, está escrito por toda su cara
-          ¿Qué diablos eres? Por la edad, dudo que veterinaria – ella podría tener 17 o tal vez 18
Ella permanece en silencio y sigue caminando
-          ¿Sabes que no encontrarás agua a estas horas verdad? – suelto después de un rato – Y sobre lo de hace un rato, fueron hormigas, no “monstruos come- carne” como les llamaste, ni siquiera te mordieron. Mírate.
Se detiene y se mira las piernas, se encoje de hombros
-          Da igual, atentaron contra la integridad de una mujer, en lo que a mí respecta, las amigas…
-          Hormigas- la corrijo
-          Amigas, hormigas… es casi lo mismo, son igual que los hombres
-          Claro…
-          Hablo en serio – se gira para mirarme, se endereza, alza su pequeña barbilla –son bestias horribles- insiste – deberías tener cuidado – su expresión seria es impagable – comerán tu carne antes de que puedas decir Grata
-          ¿Por qué infiernos diría Grata? – espeto alzando una ceja
-          Qué se yo, sólo decía
-          Vale. Entonces tu… quiero decir las mujeres ¿Todas ustedes tienen esta… Eh, “fobia” con los hombres?
Ella niega, pensativa
-          No puedo explicárselo, no lo entendería – dice finalmente

Dejándome perplejo y con más dudas que antes.

.....................................................................................Continuará..............................

Espero no aburrirlas!!!!!!!!!!!!!!!

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Re: El Señor de los Gatos (Sin Historial)

Mensaje por Karen Karola el Miér Jun 19, 2013 4:30 pm


Irah! y el amor renace me gusto mucho tu cap Pandora Caperucito Gatito Rojo lo amo!
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Capítulo 2

Mensaje por Pandora el Jue Jun 20, 2013 12:49 am

Capítulo 2

No sé si ella pensaba que mis capacidades intelectuales como “Gato” eran inferiores a las suyas o si realmente el asunto era tan complejo como ella quería hacerlo parecer, bueno, si ella era una trampa de Adel, una muy descabellada por cierto, tenía un guion de lujo, o sea, he leído más libros de los que puedo contar, y según mi diario, ninguno era tan interesante como la historia y el personaje que Anaya me estaba vendiendo, bueno, si es que ese era su verdadero nombre, ¿Qué se yo después de todo? Y, ¿un Gato? ¿Por qué en la tierra sería yo un Gato? Un león, un Tigre, un Puma, un Jaguar, comprensible ¿Pero un Gato? Aquí estaba completamente perdido.
Ante mi falta de respuesta ella se quita la mochila y saca de ella un chaleco, sus brazos tienen piel de gallina, la miro nuevamente y se me ocurren muchas maneras de hacerla entrar en calor, pero supongo que el chaleco, a diferencia de mis originales ideas, permitiría que siguiéramos caminando en el proceso. Así que vuelvo a un terreno más seguro.
- Bueno, en eso llevas razón – sus ojos se agrandan por la sorpresa, casi espero que su mandíbula llegue al suelo – Es difícil entenderlo si no me explicas.
Su cara de fastidio era… Adorable, sentía cierto placer en hacerla enojar y tomarle el pelo, con cada minuto que pasaba más me parecía que sus reacciones eran genuinas. La clave estaba en sus ojos expresivos y en la rapidez con que sus rasgos se transformaban para dejar claras como el agua sus emociones, no había manera de que ella pudiera fingir el brillo de su mirada, ni siquiera los ganadores del Oscar eran tan buenos.
- ¿Es tonto? – espeta, wow, tal vez ella no dudaba de mi intelecto… en un comienzo
- ¿Disculpa? – Digo con verdadera indignación, por favor, soy una de las personas más inteligentes que conozco… y conozco a mucha gente.
- Da igual, no tiene caso discutir – dice negando- Ahora necesitamos conseguir un lugar seguro
- ¿Necesitamos?
- Si gatito, necesitamos
Quiero reírme, pero me resisto, ella parece algo cansada, no le tomaré el pelo… demasiado, por hoy.
- Eres increíble -Sin esperar más, paso de ella y camino hacia lo profundo del bosque – Muy bien, si voy a continuar con esto, antes debes prometer que mantendrás tu hocico cerrado.
- Boca, se llama boca – dice ceñuda
- Ajá, ¿Te crees la única que puede tratar al otro como un animal?
Sé que dije que no la molestaría pero… es inevitable, ella solo sigue dándome oportunidades, no las puedo dejar pasar, alguien en alguna parte podría no encontrar su destino… Por el efecto mariposa y todo eso.
- ¿Por qué actúas como si nada? – dice ella a mi espalda

- Preciosa, me costó como no tienes idea poder llegar acá. Estoy seguro de que me comprenderás cuando digo que no voy a dejar que nada ni nadie arruine mi viaje.

- ¿Viaje? ¿Qué es esto, una misión?

- No, son algo así como vacaciones – respondo sin dejar de caminar, por los sonidos, muy inspiradores, a mi espalda, le cuesta lo suyo seguir mi ritmo.

- ¿En serio? Eso es nuevo, yo nunca he tenido

Estaba a punto de darle una respuesta muy inteligente y creativa cuando vi la serpiente, me detuve y traté de empujarla hacia atrás, no quería que fuera a pisar a la pobre bicha o que consiguiera una cariñosa mordida de la Cobra frente a nosotros
- Imposible, no – sus voz es solo un susurro
- No te muevas
Me volteo para mirarla, está temblando, se repone y sale corriendo, por supuesto, esto solo me pasa a mí.
- ¡Oye tú! – le grito, pero no se detiene
La sigo, mientras corre a ciegas por el bosque… directamente hacia otra Cobra, el miedo, por esta mujer que no conozco, lanza una descarga de adrenalina que recorre mi cuerpo como una descarga eléctrica.
Anaya se para frente a la Cobra, tal vez hipnotizada, como los ratones que no atinan a escapar.
- ¡Anaya!
Mi grito no sirve de nada, la cobra se levanta del suelo tomando una postura ofensiva, extendiendo el capuchón de su cuello y mostrando los largos y curvados colmillos, un chorro de veneno sale de ellos impactando sus ojos, luego, los colmillos desaparecen en su piel. La Cobra retrocede y escapa, el movimiento tan rápido que apenas puedo distinguirlo, no tiene que preocuparse, ella sabe perfectamente de lo que es capaz su veneno.

Corro hacia Anaya sin preocuparme de la cobra, debe estar ya muy lejos.
Está inconsciente, la cargo en mis brazos comenzando el camino hacia mi cabaña donde podré darle el antídoto.
El camino de regreso se me hace eterno, ella está cada vez más pálida y puedo sentir como se eleva su temperatura, su respiración comienza a hacerse cada vez más inestable y superficial. Si no llego pronto, voy a perderla, no puedo dejar que eso pase. Parece que mientras más necesito llegar a mi destino, más lento pasa el tiempo… Siempre el Jodido tiempo, aquí no le temo a las campanas de medianoche, aquí puedo construir mi identidad sin miedo a perderme, sin necesidad de depender de mi diario para saber de mi día. Lo primero que haré cuando ella esté a salvo será escribir sobre ella, necesito recordarla, quiero conservarla en mi memoria aunque sea solo un sustituto del recuerdo real.
La cabaña está más cerca, sé que no debería haberla traído conmigo, me hace sentir culpable,  pero dejarla morir no es una opción, tampoco lo es entregarla, no aún, no cuando no he tenido suficiente.
Abro la puerta de la cabaña y la deposito sobre mi improvisada cama, corro a buscar el antídoto y se lo administro con la esperanza de que el veneno salga de su sistema con rapidez, el miedo hace mis manos temblar, ella no puede morirse, no puede dejarme.
Le quito su calzado y la acomodo entre las mantas, ella arde en fiebre y me paso la mayor parte de la noche pendiente de ella, pongo paños fríos en su frente, puedo escucharla gemir de dolor, y muero de impotencia por no poder hacer nada para calmarla. Tal vez el antídoto llegó demasiado tarde, tal vez no pude salvarla.
Paso los siguientes días entre atenderla y observarla, delira por la fiebre, murmura algo sobre Emil, salvar y una torre, no sé si alucina o no. Mojo sus labios con un algodón para hidratarlos, no me atrevo a darle agua por miedo a ahogarla.
El antídoto parece estar haciendo efecto por fin, la temperatura baja y retiro los paños de su  frente y abdomen, parece más quieta que antes pero aún se queja por el dolor, esta vez parece estar despertando, sus parpados revolotean y una mueca comienza a formarse en su cara. No sabía que el alivio podía sentirse como una verdadera disminución de peso sobre mis hombros
- Eres tan impetuosa. Te dije que no te movieras ¿Cómo te sientes? – digo cuando logra fijar su mirada en mí, sé que no me ha olvidado, estamos demasiado lejos de La Grobe o La Grata
- Yo, hum… can-sa-da
- Sí, apuesto que sí. Tus vertebras dorsales deben estar ardiendo mucho – Acerco mi mano a la parte alta de su columna para tocar suavemente - ¿Arde? – muerde sus labios en una mueca y un ligero jadeo escapa entre ellos – Maldición, por una vez no podías solo quedarte quieta – ella parece algo asustada ahora, se queda en silencio- No estoy enojado- digo tratando de suavizar mi tono – Maldición mujer. Estoy completamente aterrado. Cuando te vi… - me callo para ordenar mis pensamientos y decir las palabras en voz alta – pensé que morirías.
- ¿Voy a morir?- su voz es tan frágil
- No – digo con convicción después de un momento, pero parece que ella ya está dormida otra vez.
Me meto a la cama junto a ella para descansar un poco ahora que está mejor, caigo en un profundo sueño mecido por su respiración, ahora fuerte y constante, y me permito acercarme a ella y disfrutar clandestinamente de la calidez que irradia su cuerpo.

Un grito desgarrador me despierta, es Anaya, la rodeo con mis brazos y la atraigo contra mi cuerpo, ella se amolda contra mí, se siente tan bien, tan suave, su olor a vainilla y a ella misma me rodea.
- Tranquila- digo despacio- Todo está bien- y lo creo con ella en mis brazos. Me estiro y alcanzo sus pies- Tienes tus pies fríos
- ¿Dónde estoy?
Me tenso al oír su pregunta, sé que no debía traerla, pero era la única opción aceptable, no pediré disculpas, no por tenerla viva y cálida junto a mí
- En el infierno – respondo finalmente – lo siento mucho, no debí traerte hasta acá, pero fuiste mordida por una Naja Rabiosa.
- ¿Naja Rabiosa? – su ceño se arruga y sus ojos vagan por la habitación- Sólo recuerdo a esa bestia, ese… ese hombre, luego no conforme con ello se introdujo en mis pesadillas y ¡Maldición! Todo es tan confuso. Además, necesito recuperar a… ¿Emil? ¿Dónde está ella?
- No tengo idea de lo que estás hablando. Y que conste, no fue un hombre quien te atacó. Mujer, fuiste mordida por una Naja, Cobra, Serpiente ¿Si sabes lo que son. verdad?
Ella niega, su expresión aún más confusa

- Emil, es mi amiga… Ella está mal, se la han llevado ¡tengo que salvarla!. Mi boca… —traga intentando aclarar su rasposa voz—. Necesito agua.
- Sí, lo has repetido como cuarenta veces en los últimos días…
Ella se tensa en mis brazos - ¿Cuánto?
- ¿Te refieres a cuánto tiempo llevas en casa? – no puedo evitar verle la gracia, ella es así, graciosa. -Exactamente dos días y medio.
- ¿Cómo? No es posible.
- ¿Qué cosa no lo es? – pregunto curioso
- Tú, los recuerdos, no está bien. No es normal.
- Mujer…
- ¡Deje de llamarme mujer! —grita— ¿Es que no lo ve? Algo no va bien, primero aparece, todo esquivo ignorándome. Luego, actúa raro como… como si le importara y dice que una "Cobra" fue y me mordió, cuando ambos sabemos perfectamente que se trata de un hombre. No sé porque los encubre, pero no está bien, ellos son malos, son peligrosos.
- Mujer…
- ¡Que no me llame mujer le dije!
- ¡Vale! – le digo mientras me muevo hacia la alfombra para ponerme de pie y dirigirme a la puerta - Hembra, ¿Está mejor así?
Ella arruga su cara.

- Como sea, la cosa es, tú y yo necesitamos hablar, pero está claro que necesitas descansar, el antídoto aún no hace efecto completamente en tu organismo.
- Me llamo Anaya, ya se lo dije, pero puede decirme Aya.
- Muy bien, prefiero Aya, eso es un avance. Yo soy Irah Levi y tienes siete horas para reponerte, si no estás despierta para ese entonces, tendrás que enfrentarte a mis manos y un montón de agua fría.

Aya abre mucho sus ojos, bueno tal vez he sido un poco mal interpretado con eso de las manos y agua fría… aunque si ella no se negaba… ¿Quién soy yo para negarme?, bien, eso estaba fuera de discusión, mejor aclarar las cosas, cuentas claras y esa mierda.

- No es tan malo, hablo de una ducha. No pienses mal

Sus cejas se juntan y ella parece perdida, tal vez el único mal pensado aquí era yo.

La dejo para que descanse y salgo a dar un pequeño paseo, ella mencionó que no era normal que yo recordara, ¿Sería posible que ella no tuviera el dispositivo? ¿Cómo se saltó la inserción?
Ella no podía ser hija de Adel, no con ese cabello y esos ojos, ¿Sería un error de mi repugnante y desquiciada madre? Si ella escapó de la perfecta ciudad de esa bruja, entonces todo el mundo estaría buscándola, no estaba de más revisar el perímetro de la cabaña para asegurarme de que no la buscaban por aquí, sería raro que no organizaran una partida de búsqueda para encontrarla, no, una partida de caza sería más apropiado para mi desequilibrada progenitora.
Necesitaba respuestas y Aya tendría que dármelas.
Un par de horas después regresé a la cabaña y fui a la cocina a preparar uno de mis tés favoritos hecho con hierbas silvestres que recogí de camino.

Aya se encontraba mucho mejor y se unió a mí en la cocina. Le entregué un tazón de té y ella dio un pequeño suspiro cuando lo probó.
Empezaría despacio, pero iría directo al grano

- Entonces, eres algo así como una heroína, ¿Cierto?
- Sólo quiero lo mejor para ella.
- ¿Qué es, tu novia o algo así?
- Sabe, la mayor parte del tiempo, ni sé de lo que habla.
- Tienes razón. Debe ser porque soy muy inteligente.
- ¿Es broma?
- Sí, pero eres demasiado tonta para notarlo.
- ¡Oiga! —exclama indignada - Es usted un mal educado.
- Así somos los gatos, defecto congénito supongo -Ahora que sé que está fuera de peligro, no puedo evitar tomarle el pelo, se siente bien, se siente… Normal.
- Si, debe ser eso – acepta ella mansamente

No puedo evitar la gran y estúpida sonrisa que aparece en mi cara

- ¿Qué tengo que hacer para que se comporte de forma civilizada? – dice ella suspirando
- Bueno —me tomo mi tiempo analizando la vieja y fea mesa - Para empezar, ¿Podrías sólo dejar de mirarme?
- ¿Es malo? —Frunce el ceño - No le duele, ¿O sí?
- ¿Qué? ¡No, cómo crees! Es sólo… bueno, tú sabes —me queda mirando muy rígida - Es raro ¿Vale? Me incomoda. Además, ni siquiera es como si te limitaras a echar un vistazo, estás prácticamente pegada a mi piel, tocándome con tu nariz.
- Soy corta de vista.
- ¿No tienes lentes?
- Estaba a punto de operarme en La Grata  - se calla de repente -  Emil me necesita – dice solemne - mi vista puede esperar.
- Sí, sí… si pudieras dejar de repetirlo al menos una vez, juro que no me quejaré. Te lo aseguro. Pero la cuestión es, lo veo difícil una vez que te descubran.
- ¿Descubrirme?
- Ah, bueno… —admito mordiendo a uña de mi pulgar, un pésimo hábito del cual no he podido librarme - De eso es de lo que te quería hablar ayer.



-----------------------------------------------------------Continuará----------------------------------
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Re: El Señor de los Gatos (Sin Historial)

Mensaje por Pandora el Jue Jul 25, 2013 1:39 am


Capítulo 3
 
Después de hablar con ella aun me estremezco de la risa al recordar todo el asunto de la computadora, joder es tan dulce, sus ojos amatistas resplandecientes de entusiasmo y curiosidad. No sé en qué estaba pensando cuando acepté acompañarla en su loca, imposible y muy suicida misión de rescate, bueno tal vez estaba pensando en lo linda que es y que tal vez podría poner mis sucias manos sobre ella, solo un poco, durante el viaje, no es que suela aprovecharme de jovencitas en mi vida diaria, pero es que ella es tan aprovechable y está el asunto de que ella viene del maldito harem de mi madre, Adel movería las montañas para encontrarla, ella recuerda, ella se merece una oportunidad para ser alguien, no es que yo intente vivir a través de ella ni nada por el estilo, pero joder como la envidio, por sus recuerdos, por su identidad, por su capacidad de amar, de soñar y no perderse a sí misma noche tras noche, yo solo poseo eso durante mis breves periodos en la cabaña, para todo el resto tengo mi diario, cruel sustituto de la amarga verdad.
 
Arreglé la cama y saqué algunas lámparas para tener luz a nuestro regreso, ordené un poco la cabaña antes de prepararme para salir.
Terminé de ponerme mi camiseta sin molestarme en ponerme zapatos y me volteo para salir, sé que está molesta por todo el asunto de la carne para buitres pero joder, la mujer es exasperante y tal vez no debí dejar que se marchara sola para deambular por el bosque cual caperucita llamando al lobo y tampoco debí gritarle, su habilidad para hacerme perder la cabeza en las peores maneras es algo alarmante.  Técnicamente no es mi responsabilidad si se lastima, pero de todas maneras no podría vivir conmigo mismo sabiendo que mande a una persona absolutamente indefensa y con cero sentido de orientación a deambular por el bosque, por la tarde cerca de la puesta de sol, soy todo un caballero, no te sorprendas demasiado, es una de mis cualidades, junto con ser muy atractivo e inteligente.
 
Salgo de la cabaña dispuesto a seguirla, dando un último vistazo a la cabaña cierro la puerta inhalando una gran bocanada de aire limpio, lo dejo salir mientras convoco cada onza de paciencia en mí.
 
Tal como supuse, Aya ha dejado un rastro de ramitas aplastadas y tierra removida,  encontrarla será bastante fácil, solo espero que no se tope con nada peor que yo.
 
El sol se esconde a una velocidad un tanto alarmante y Aya se aleja cada vez más de la cabaña, tomando un camino diferente al que provenía. Con cada minuto que pasa me cuesta más ver las huellas en el suelo debido a la oscuridad que se cierne sobre el bosque, el rastro de ramas partidas es un poco más obvio, pero de todas maneras, debo encontrarla antes del anochecer.
La puesta de sol es hermosa, con tonos anaranjados y rojizos en el cielo sobre los árboles, cada vez me quita el aliento, lo sé porque lo he leído en mi diario.
 
Aya va en dirección al lago, los primeros rayos de luna se filtran entre las altas ramas, el sonido del rio es cada vez más claro y puedo ver que hizo su camino aniquilando a los pobres arbustos con una rama, escucho con atención el chisporroteo del agua y me detengo a la orilla del lago detrás de un árbol.
JODER. Si, con mayúsculas, Aya se está quitando la ropa, pasa su camiseta sobre su cabeza quedando solo en un pequeño sujetador de algodón, la luz de la luna le da una apariencia algo fantasmal a su pálida piel, bajando sus manos hacia su short lo desabrocha y sale de él, se agacha para doblarlo y dejar su ropa en una pila y, Dios si existes, gracias por la vista. No puedo pensar con claridad, tal vez es porque toda mi sangre viajó al sur y creo que mis pantalones ya no son tan cómodos como antes. Nooo, no puedo ir por ahí, cálmate amigo, la pobre chica se dará un susto de muerte si me presento ante ella y tú estás todo dispuesto a honrarla de la mejor y menos santa manera posible. Le doy una mirada de reproche a mis partes más nobles y levanto la vista hacia Aya que, para mi tortura, esta agachada recogiendo agua entre sus manos para luego asearse, las malditas gotas se deslizan por su suave piel y estoy pero muy celoso del agua, de la jodida agua, maldita cosa inerte que puede rozar su, muy curvilíneo en todos los lugares apropiados, cuerpo.
Estoy congelado, con miedo a acercarme a ella porque lo único en lo que puedo pensar es en su ropa, o mejor dicho, la falta de ropa y todos los lugares que deseo probar de su cuerpo. Sentir si su  piel es tan suave como luce, si su aroma a vainilla y sol aún sigue impregnado en su piel después del baño, su cuerpo moldeándose al mío, besar la curva de su cuello y oírla suspirar, quiero tenderla sobre su espalda y jod… ayudarla a vestirse para que podamos irnos de una jodida vez.
 
Aya suelta un gritito debido al agua mientras me acerco, me detengo a unos pasos de ella, a una distancia que considero “segura”.
 
-          ¿Está muy helada? – pregunto
Aya se sobresalta e intenta, sin nada de éxito para mi deleite, cubrir su cuerpo arrojando sus ropas al lago en el proceso.
-          Mierda, no quería asustarte.
No puedo evitar lucir como el gato que se cenó al canario, esto está tomando un giro bastante provechoso para mí, o tal vez no. Ella luce realmente enfadada, sus cejas se unen en su frente y sus labios forman una línea dura, parece un pequeño gatito mojado tratando de lucir feroz. Que adorable, ¿Cómo no aprovecharme de ella si se ofrece a sí misma de esta manera? Si yo soy un gato ella podría ser mi gatita…. Sí, es un lindo pensamiento, un poco caluroso para ser tan tarde también.
-          ¿Qué está haciendo aquí? – dice gateando hasta su mochila – Le dije que quería estar sola.
-          En realidad no. Tú dijiste que no confiabas en mí y luego… solo te fuiste. En ningún momento mencionaste algo sobre querer estar sola y ahora que lo recuerdo, necesitas mi ayuda para salvar a tu amiga.
-          ¿No es un poco tarde para eso? Además, antes estaba vuelto un loco.
-          Sí, siento haber actuado así.
 
Miro a Aya y sigo el descenso de una gota entre la curva de sus senos, quiero lamer las gotas de su piel, ella comienza a vestirse, lo que es una verdadera lástima y yo decido que es un buen momento para un baño de agua fría.
-          Espera un poco – paso junto a ella y me lanzo al agua.
 
Joder esta helada pero no hace mucho para ahogar mi calor interior. Doy un par de braceos hacia su ropa y cojo una prenda en cada mano, tomo una gran bocanada de aire y me sumerjo en las oscuras aguas para regresar buceando.
Salgo del agua para encontrarme a Aya inclinada sobre la roca, poniendo sus activos a la altura de mis ojos, me arrebata la ropa pero en un impulso la cojo de las muñecas apresándola.
-          De nada – Digo tratando de no temblar. Mierda, mi baño me congeló las pelotas pero sigo estando bastante animado, Aya forcejea un poco intentando soltarse. - ¿Entonces? – demonios, me cuesta hablar debido al frio.
-          Fue estúpido. Ya suélteme, me duele la mano.
 
No puedo evitar que mis ojos regresen a su cuerpo, inclinada sobre la roca, se estremece ante mi mirada, al parecer no soy el único en darse cuenta de los activos del otro, tengo hambre, hambre de ella.
-          ¿Tienes frío? -  pregunto ante su estremecimiento.
-          Nada que ver – dice levantando el pequeño mentón lo mejor que puede desde su, oh si, forzada postura – Estoy muerta de calor.
Genial, porque siento que voy a estallar en combustión espontánea en cualquier momento y me agrada no ser el único, aunque sé que solo se hace la valiente, su piel está toda erizada y, por todos los jodidos demonios del infierno, sus pezones empujan la delgada tela de algodón mojada de su sujetador.
-          Buenísimo – digo levantando mi mirada a sus ojos y siento mi sonrisa extenderse por toda mi cara.
Entre risas la jalo y la arrojo al agua, siento un gluglú y veo como se hunde, rápidamente la sujeto y la atraigo hacia mi cuerpo, con un poco de suerte se perderá algunos detalles importantes sobre mis muy notorias intenciones.
 
-          Pudiste mencionar que no sabías nadar.
-          An-tes o después de que me… me a-rr-o-ja-ra al a-gua – mientras habla se aferra a mi cuerpo, Siiiii… noooo.
-          Dijiste que tenías calor – su agarre se aprieta y rodea mi cuello con sus brazos frotándose contra mí de una forma muy buena, por lo tanto muy mala, dejo de reírme en seguida – muy bien ahora me estás ahorcando. Ya no es gracioso – mentira, pero necesitaba que relajara su agarre un poco, mucho.
-          Sáqueme de aquí ¡Irah! – me patea el estómago y trago un poco de agua, joder eso molestó, pero al menos ya no se frota contra mí, gracias Dios por los pequeños favores.
-          Ya sabes, estoy esperando una disculpa o gracias, como mínimo – digo mientras avanzo llevando a Aya conmigo, ahora está suficientemente bajo para caminar.
-          ¿Está de pie?
-          Si.
-          Bueno, yo no.
-          Eso ya lo había notado, ¿Entonces?
-          Oh, ¿En serio va a obligarme?
-          Hago mi mejor esfuerzo. – unas gracias no es precisamente lo que quiero oír pero es todo lo que conseguiré… por ahora.
-          Pues no es divertido. Dese por enterado.
-          No se supone que lo sea, aunque podemos ponerle remedio a eso.
 
Llegamos a la orilla y me giro para poner a Aya entre mi cuerpo y la roca, intenta tocar el fondo pero no puede y se sujeta a mi cuello con fuerza, esto está tan mal, en tantos niveles distintos, que no puedo evitar seguir adelante, mi día mejorando considerablemente.
-          No tenía idea de que fuera tan hondo – dice alzando la mirada a mi cara
Estoy muy cerca, veo sus labios moverse mientras habla, quiero romper la distancia y besarla, demonios quiero hacer mucho más que eso ¿Qué en la vida, está mal conmigo? Sé que si lo hago, si la toco de la forma que quiero, solo conseguiré asustarla, ni siquiera sé si reconoce las reacciones de su cuerpo. Decido seguir por un tema más seguro. Su seguridad.
-          Lo que demuestra que eres una irresponsable. Ni siquiera puedes cuidar de ti misma y pretendes salvar a tu amiga. Oh, pobre Emilia. ¿Así se llama verdad?
-          Oiga, yo estaba perfecto hasta que usted llegó a interrumpirme. Y su nombre es Emil no ¡Emilia!
Su linda boca otra vez, el labio inferior ligeramente más lleno que el superior, curvándose, burlándose, siento el calor de su cuerpo y disfruto del agarre de su estrecha cintura y entonces pienso en lo malo que es para mí estar sosteniéndola tan cerca, disfrutarla no me corresponde.
-          Tengo Frío – dice sacándome de mi ensimismamiento.
-          Sí, salgamos.
 
Salimos del agua y me pide que me gire para vestirse, su ropa interior ahora es transparente, decido irme, después de un rato considero que está decente y salgo de mi escondite, tomo su mochila y comenzamos a caminar en silencio, necesito enfriarme, necesito recuperar la cabeza ¿en que estaba pensando? Cierto, no estaba pensando, no con mi cerebro al menos, eso puede ser debido a la perdida de flujo sanguíneo, una gran parte de él debía suplir las no deseadas exigencias de otras grandes partes de mi cuerpo nublando mi juicio, sip, eso es lo que pasó señores, ya estaba más calmado, me entretuve otro tramo pensando en ancianas mujeres con bikini y escuchando las ruidosas pisadas de Aya, estaba alertando a todo el condenado bosque de nuestro avance, la miré por un momento para evaluarla, su pelo pegado a sus mejillas, casi negro a la escasa luz de la luna, su piel fantasmalmente blanca comparada con la mía quemada por el sol.
-          ¿Estás bien? –pregunto un tanto preocupado por la extrema palidez. Ella asiente – No luces nada bien.
-          ¿Cuánto falta? – dice tratando de igualar mi paso.
-          Otra media hora, por qué ¿Ya te cansaste?
-          No ¿Y usted?
-          ¿Qué pasa conmigo?
Ella no responde y seguimos caminando, siento su mirada sobre mí, por lo que sé le agrada lo que ve, o eso parecía en el lago y de nuevo, no pensaré en el lago, no señor, tal vez es algo bueno que esté mojado hasta los huesos porque ayuda a mi calor corporal, también fue bueno que no llevara zapatos o estarían empapados por el lago, doy un paso y entonces un estallido de dolor me recorre desde la planta del pie a la columna.
-          ¡Ay!
Me agarro el pie y cojeo un poco lo levanto para ver un feo corte, bueno tale vez traer zapatos si era buena idea después de todo, pero no planeaba seguirla hasta tan lejos.
-          ¿Se ha herido el pie?
-          Estoy bien – digo bajando mi pie y tomando su mano para apurarla
 
Doy un par de zancadas ansioso de llegar a la cabaña y curarme la herida, no quiero que se infecte, Aya intenta seguir mi paso pero es muy lenta, con calzado y todo, no estoy de humor para esperarla.
-          ¡Maldición! Ven, yo te llevo
-          ¿Cómo?
-          Así – digo poniéndome su mochila por delante e inclinándome  - Súbete
-          Peso
-          Creo que puedo con ello.
-          Es que, en serio…
-          Sube, no me hagas ir por ti, por favor Aya, no eres la única que quiere llegar a casa – ella se sube a mi espalda y aprieta mi cuello – no tan fuerte Aya.
-          Lo siento.
Decido toser dramáticamente para tomarle un poco el pelo y aligerar el pesado ambiente, suelto un gemido dramático y continuo nuestro camino, la siento pegada a mí, su cálido cuerpo contra el mío, reconfortante, me siento… acompañado y eso es jodidamente maravilloso de una manera un poco aterradora, no quiero perder esto, lo anhelo demasiado, sé que tenemos fecha límite, que probablemente lastime a esta inocente criatura que me cayó de la nada, para llenarme de vida, para enseñarme la magia de una identidad, para mostrarme lo que se siente pertenecer, porque ella me recordará, soy su gato. Dios, me siento como el zorro del principito. Hay algo muy mal conmigo, tal vez estoy leyendo demasiada filosofía o simplemente estoy harto hasta las pelotas de vivir mi no vida.
 
Después de un doloroso y trabajoso viaje llegamos a la cabaña, al parecer Aya está perdida en sus propios pensamiento porque no da señales de vida.
-          ¿Todo bien? – pregunto girando mi cara para mirarla.
-          Sí, solo bájame – dice contoneándose.
-          Muy bien. Hey, calma ¡Aya!
Ella se retuerce y baja de un brinco tropezando con el cerco.
-          Te dije que esperaras.
-          Estoy bien, solo ¡Auch! No es nada.
 
Una vez adentro me concentro en buscar algunos implementos para curar la herida, la condenada dolía como la mierda, pero sobreviviría. Sentí a Aya acercarse, probablemente vería las manchas de sangre en el suelo, la oigo tomar una bocanada de aire así que me apresuro a impedir que diga algo estúpido o que me moleste, no estoy del mejor humor.
-          Si vas a decir que lo sientes, ahórratelo. Y a no ser que tengas un estómago fuerte, te recomiendo ir a la cama. Y no es que te ofenda, pero no pareces del tipo rudo.
-          Tiene razón, no lo soy.
Esto me descoloca un poco, Aya siempre trata de quedar bien conmigo, la veo, como se esfuerza por ganar mi respeto y por eso mismo es que ya lo tiene, no se da cuenta de lo valiente que es al enfrentarse al mundo sola.
 
Noto que su mirada va al cuenco que utilicé para limpiar la herida y lo aparto con el pie, cubro la herida con una venda relativamente limpia y me vuelvo a mirarla.
-          Gracias – dice mirándome a los ojos, con esos ojos violeta que me recuerdan al amanecer.
Me meto bajo la mesa y escarbo entre el montón de cosas buscando las toallas.
-          ¿Todo eso salió de ahí? – Asiento - ¿Qué más hay?
-          Te sorprenderías – respondo sonriéndole, es la verdad, tengo un par de artículos muy interesantes ahí, como sogas, no es que esté pensando en utilizarlas para algo más que para escalar el muro, nada de eso, o tal vez sí. Pero sé que pica su curiosidad, se resiste y lo deja correr – Sécate el pelo y podrás dormir.
Le arrojo las toallas mientras me levanto y recojo una caja de galletas para que coma
-          Ten, hay agua limpia en esas botellas en la esquina, mañana iremos por más. Ahora estoy muy cansado para ir al pozo.
-          ¿No va a cambiarse?
-          Claro, una vez que te duermas.
-          No voy a mirar.
-          ¿Segura? – me inclino hacia adelante y acomodo un mechón de su cabello tras su oreja, El infierno sabe que quiero que mire, quiero hacerle a ella lo que me hizo en el lago.
-          Tanto como si mi vida dependiera de eso.
-          Muy bien- y ahí se fueron mis sueños – supongo que teniendo en cuenta tu situación, no tengo que temer que abuses de mi.
Comienzo a cambiarme de ropa y ella se voltea inmediatamente, es un poco cómico de hecho. Yo no podía dejar de mirar cuando la vi en el lago, supongo que eso dice bastante sobre nosotros.
-          Muy bien, ya estoy listo, puedes girarte
-          ¿Qué? no pensaba girarme – dice escondiéndose bajo las frazadas
-          ¿Qué clase de respuesta es esa?
-          ¡La que se merece cuando lanza cosas como esa así de repente!
Comienzo a meterme en la cama junto a ella pero me quedo sobre las sabanas, solo en caso de que mis manos decidan ponerse demasiado amistosas. Aya suelta un suspiro de alivio, bueno, hombre, no es que vaya a violar a la chica, en realidad quería que ella rogara. Pero no estamos hablando sobre eso aquí.
-          ¿Roncas? – pregunto sin obtener respuesta – ¿Aya? – ella está muy tiesa bajo las sábanas, intento destaparla - ¿Sigues viva, verdad?
-          ¡Estoy bien!
-          No, no lo estas, sécate esa mata. Y tranquila, esperaré a que termines para apagar la luz, no eres la única que tiene sueño.
-          Lo tengo muy largo, tardaré horas. Mejor présteme una tijera, nos haré un favor a los dos.
-          No seas dramática, cargué contigo tres kilómetros, creo que puedo aguantar un poco más.
-          Y si se duerme…
-          Me despiertas y ya, fin del asunto.
-          No puedo – susurra –me olvidará- su voz se apaga mientras habla y duele un poco. No quiero que se sienta así.
-          No, no lo haré – digo con lo que espero sea un tono tranquilizador.
-          Si lo hará, cuando el reloj de las doce, todos los cerebros se formatean y…
-          Es la una de la madrugada, ¿ves? – digo ofreciéndole mi reloj.
-          Es porque no has dormido… si, debe ser eso.
-          ¿No crees que ya hubiera empezado a convulsionar? Somos iguales – por lo menos por ahora, en la ciudad sería un caso distinto, cruzaría ese puente cuando llegara ahí.
-          ¿Perdón?
-          Dije que somos iguales, no eres la única que puede recordar – al menos la última parte es verdad
-          ¿De dónde saca que puedo recordar?
-          Pequeña, estuviste dos noches durmiendo en mi cama – lo que suena mucho más interesante de lo que en realidad fue – sin mencionar que pasaste la mitad del día inconsciente ¡Ops! Lo siento, acabo de mencionarlo. En fin, creo que tengo razones de sobra para decir que somos iguales.
Su mandíbula cae, literalmente y estiro mi mano para ponerla bajo su mentón y cerrarla, me permito acariciarla ligeramente, sé que estoy mintiendo, que es vil y la lastimaré, pero no puedo evitarlo, quiero vivir esto, aunque sea un periodo corto de tiempo, quiero ser su igual, su compañero, aunque nuestra aventura tenga fecha de vencimiento.
-          Mira, estoy exhausto, qué te parece si te das prisa con el pelo y a cambio, yo mañana te muestro La Grobe, o la Gran Torre, como quieras llamarla.
-          ¿Mañana?
-          Sí, mañana, pero sécate ese pelo rápido, no querrás pescar una gripe.

 

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Capítulo 4

Mensaje por Pandora el Sáb Ago 31, 2013 4:16 pm

CAPÍTULO 4
 









La observé mientras secaba su cabello con la toalla, mechón a mechón su cabello fue recobrando el rojo característico, las llamas del fuego dibujaban contornos sobre su piel clara y le daban un tono dorado. Me recosté con los brazos cruzados tras mi cabeza disfrutando la vista, ella me miraba de vez en cuando para confirmar que no me había dormido.
Terminó de secarse el pelo pasadas las tres de la madrugada, se acurrucó entre las mantas y calló dormida al instante, su respiración se hizo pausada y regular, no podía dormirme, no con ella tan cerca. Su aroma fresco estaba haciendo estragos en mí, su pecho subiendo y bajando a un ritmo constante, tentándome, y sé que no debo ir por ese camino, que terminaré con un irremediable caso de bolas azules, pero ella es tan jodidamente perfecta, no puedo recordar a la última mujer con la que estuve, claramente eso no es nada anormal, pero sé que ni siquiera está en mi diario, no en el del último año por lo menos, el sexo carece de sentido para mí, pero ahora, con Aya tan cerca de mí me siento como un adolescente… tengo que hacer un esfuerzo para no tocarla, para no hundir mi nariz en su cuello, para no besar cada una de las pecas sobre su nariz, quiero trazar sus curvas con mis manos, parece tan pequeña, muy por debajo de mi estatura, debe llegarme apenas al hombro, el tamaño perfecto para caber entre mis brazos, suspiro tratando de despejar mi cabeza, mi piel está erizada, consiente de cada uno de sus movimientos, Aya se mueve dándome la espalda, como estoy de lado para mirarla quedamos en la típica posición de cucharita y eso es todo lo que puedo aguantar, la curva de su trasero presiona ligeramente mi entrepierna y esa parte de mi cuerpo despierta a la vida en un segundo, me alejo de ella y salgo de la cama respirando como si acabara de correr una maratón. Me dirijo hacia la fuente con agua maldiciendo y me mojo la cara con el agua fría.
No sirve de nada. Salgo de la cabaña lo más silenciosamente que puedo para tratar de despejarme, camino en círculos maldiciendo mi suerte y mi temperamento, tal vez si no hubiese descuidado esa parte de mis necesidades biológicas por tanto tiempo esto no estaría sucediendo, deben ser las cuatro de la mañana y nos espera un largo día hasta la ciudad, necesito dormir aunque sea un par de horas, miro a mi “amigo” que no parece interesado en cooperar o regresar a la posición de descanso para el caso. Me dirijo a mi rudimentaria área de ducha y apretando los dientes apoyo la cabeza contra la pared, meto una mano en mi pantalón sintiéndome como un quinceañero.
-          Joder, Aya, mira lo que me haces condenada mujer del infierno. – susurro bajo.
Cierro mis ojos recordando la sensación de su cuerpo contra el mío hoy en el lago, sus pezones empujando contra la tela transparente del sujetador, rozados y duros como piedrecillas.
Subo mi mano por mi sexo lentamente hasta llegar a la punta, masajeándola, jadeo y comienzo a aumentar el ritmo, aprieto los dientes, Aya, sus ojos, su olor, su cuerpo, todo lo que hay tras mis ojos cerrados es ella, todo en lo que deseo hundirme ahora es ella, imaginando que es su mano la que se cierra sobre mí, tiro mi cabeza hacia atrás abriendo mis ojos ante las olas de placer que suben por mi espalda, abro mi boca en busca de aire y sé que la liberación que tanto necesito está cerca. Me apoyo con mi otra mano en la pared cuando mis piernas tiemblan y mientras imagino que me hundo en su calor exploto, muerdo mis labios para contener el grito que desgarra mi garganta y apoyo la espalda en la pared dejándome caer hasta el suelo, soy un desastre, mi respiración parece un fuelle y no soy capaz de conseguir el aire que necesito, mis piernas aún tiemblan y miro hacia el cielo mientras me recupero, está lleno de estrellas y pronto el amanecer romperá por el horizonte, tan violeta como sus ojos.
Una vez que soy capaz de respirar con normalidad me recompongo y me limpio borrando la evidencia de mi incursión nocturna.
Regreso a la cama junto a Aya y esta vez caigo rendido, demasiado exhausto por los acontecimientos del día para seguir luchando contra el sueño que me arrastra lejos de ella. Lo último que recuerdo es que Aya se da vuelta hacia mí y suspira en sueños, mi último deseo es que ese suspiro sea para mí.

A la mañana siguiente salgo de la cama antes que ella con una energía que no siento, saco mi lujoso reloj de oro y programo la cuenta regresiva, tengo solo un par de días antes de los efectos secundarios y aún no he decidido tomar la droga, vigilia promete el cielo, pero también trae un pasaje directo al infierno. Intento que mi mal humor no interfiera esta mañana, empujo mis preocupaciones al fondo de mi cabeza y espero que la presa que construyo a su alrededor sea suficiente para contenerlos.
La dejo dormir y me dispongo a preparar el desayuno, hago una infusión de yerbas para los nervios con intención de calmar mi agitado estado de ánimo, saco un poco de pan y hago unos huevos que encontré en el bosque.
Una vez que tengo todo listo la despierto.
-          Vamos a tomar el desayuno, nos espera un largo viaje y aún tengo que afinar los detalles de nuestro rescate – digo observándola mientras come
-          Así que… ¿me ayudará así nada más? -  pregunta con desconfianza
-          Claro, te lo dije ayer, se me da bien esto de ayudar a las damiselas -  le ofrezco mi más inocente sonrisa y su desconfianza se evapora.
-          Bien -  me ofrece la sonrisa más radiante que he visto en mi vida o que puedo recordar.
-          Ahora, come tu desayuno que debo mostrarte algo.
Una vez terminamos de comer limpio todo y la tomo de la mano para llevarla hacia el pozo, donde podrá ver la Grobe en toda su gloria.
-          ¡Ay! Tenga cuidado no soy de fierro – dice frunciendo el ceño mientras la llevo del brazo
-          Tampoco yo – digo levantando una ceja – pero parece no importarte.
Ignorandola me tapo los ojos con una mano buscando la torre, la ubico a la distancia y empujo a Aya más cerca.
-          Ve aquí – digo tomándola en brazos y subiéndola a la base del pozo.
Me mira fijamente y no puedo evitar darme cuenta de lo linda que luce esta mañana, su piel ya está cubierta de bloqueador solar y apenas distingo sus pecas bajo la capa blanca, ella parece tan absorta como yo y de nuevo me pregunto si se sentirá atraída por mí, no me teme y su confianza en mí, así de la nada y sin conocerme, me conmueve hasta lo más hondo de un corazón que rara vez utilizo. Me saca de mi transe cuando habla.
-          Gatito, necesitamos un balde.
-          Olvídate de eso – digo enfocándome nuevamente en nuestra misión – luego el agua, ahora pon atención ahí – digo apuntando hacia la torre.
Ella entrecierra sus ojos y escudriña sobre las copas de los árboles, parece rendirse al cabo de un par de vistazos
-          Sigue intentando – le digo despacio
-          ¡Todo es verde! – se queja haciendo un mohín con sus labios.
-          No todo. Tu cara, por ejemplo, está blanca, parece leche -  le digo tomándole el pelo, parece frustrada y quiero sacar esa sensación de su pecho, sus mejillas se sonrojan un poco – prueba a la izquierda.
-          ¡la gran torre! – exclama de pronto con una enorme sonrisa – ¡la encontró!
-          Si, la Grobe, ¿No soy un genio? – digo sonriéndole de regreso.
-          ¡Sí que lo es! – Dios, ella le hace tan bien a mi ego – Entonces, ¿Cuál es el plan, oh-gran genio?
-          Primero ir por agua.
-          ¿Dónde está el balde?
-          Ahora, gira a tu derecha y mira hacia el piso – sus ojos se agrandan cuando ve los dos baldes
-          ¿Promete no mojarme? – dice con el recelo de regreso en su voz.
-          ¿Y arruinar ese maquillaje? -  le tomo el pelo y pongo una expresión ofendida llevando una mano hacia mi corazón – No soy esa clase de persona ¿Por quién me tomas, Aya? No soy un gato cruel.
Le doy espacio para bajar del pozo y comienzo a llenar los baldes.
-          Aquí, déjeme ayudar con eso – dice estirando una mano para que le dé un balde.
-          No es necesario, con tu nivel de habilidades actuales, podrías arrojarte a ti misma al pozo y entonces tendría que sacarte, mejor solo quédate ahí de pie tranquilita y segura.
-          En serio, no me arrojaré al pozo, puedo ayudar.
-          Aya, ya lo tengo, no seas pesada, esta es una especie de habilidad felina, somos muy buenos recolectando cosas como agua y comida.
-          Ah, ya veo – dice con resignación – si necesita algo solo dígame.
Necesito un par de cosas, no es que vaya a pedirle algún tipo de ayuda al respecto.
-          Ahora, si de verdad quieres ayudar acompáñame a recoger algunas frutas para hacer un jugo.
Dejo el agua en la cabaña y nos adentramos en el bosque para recolectar bayas y sebiata, le muestro las bayas a Aya para que no vaya a tomar alguna venenosa y me encargo de recolectar la sebiata.
De regreso en la cabaña preparo jugo moliendo las frutas con unas piedras y mezclándolas con agua, el jugo es rojo y la verdad es que no luce nada bien, pero su sabor es muy bueno.
Aya deshace su trenza y me observa trabajar en la cocina, después de un rato vuelve a hablarme.
-          Ya hemos perdido cuatro días – dice como que no quiere la cosa, la verdad es que me gustaría poder robar un par de días más con ella pero debemos irnos en un rato – tal vez después de comer – sigue Aya como si nada – supongo que no será fácil así que lo mejor es que partamos bien alimentados
-          Tienes que estar loca si piensas que nos presentaremos allá después de la comida.
-          ¿Entonces? ¿Qué tiene en mente? Porque ya me estoy quedando sin ideas
-          Para empezar, no hemos perdido cuatro días: tú estuviste dos y medio inconsciente. Luego, decidiste ir a jugar a la exploradora en el bosque. Ya van dos veces en plan Caperucita ¿No será mucho? Son las once – digo mirando mi reloj - ¿Lo ves? No necesitas preocuparte por el día cuatro, apenas empieza. –digo mostrándoselo a ella.
-          ¿Qué es eso? – dice apuntando la cuenta regresiva de mi reloj.

Mierda, es la cuenta de mis días, antes de regresar a mi asquerosa vida, cuanto seré capaz de aguantar sin dormir antes de los desagradables efectos secundarios, aquí no necesito preocuparme por eso, pero será un asunto diferente en casa.
-          Un reloj – respondo con condescendencia.
-          Sabe que no me refiero a eso.
Me giro hacia ella y suspiro
-          Anaya, haces muchas preguntas.
-          ¿Muchas?
-          Demasiadas, no quiero mentirte, pero no me estás dejando otra opción – no puedo decirle que la olvidaré en un par de días, no puedo decirle que le he mentido, necesito encontrar una solución, necesito encontrar la manera de quedarme con ella sin herirla, lamo mi dedo limpiando el jugo de las bayas – maldición esto está bueno. Como te decía, son apenas las doce, dudo que alcancemos siquiera a almorzar, nos tomaremos este jugo energético, pelaré algunas bayas para el camino y ya veremos en casa
-          ¿Va a llevarme a su casa? – solo asiento – Pero, ¿Acaso no estamos en ella?
-          Te dije antes que esta era una cabaña, podríamos decir que estoy tomándome unas merecidas vacaciones.
-          ¿Vacaciones?
-          ¿No tienen vacaciones en la Grata?
Ella niega con su cabeza mirándome con escepticismo – Ni siquiera sé que son.
-          Bueno, son algo así como, ¿Tienen trabajo al menos?
-          Por supuesto, tenemos profesoras, enfermeras, está Nissi, la dea-mater, nuestra gobernadora, ella es quien dirige nuestra familia.
-          Querrás decir ciudad – digo corrigiéndola, le ofrezco un vaso con jugo – ten
Mira con desagrado el vaso y respinga un poco la nariz- Anda, pruébalo.
-          Ya, es que no tengo sed.
-          Qué mala mentirosa eres. Mira, si te sirve de consejo, cerrar los ojos ayuda. Sé que el color no es de lo mejor pero el sabor es increíble.
Cierra los ojos y da un trago corto, saborea el jugo y da tragos más largos la segunda vez sonriendo mientras da un suspiro.
-          Son las bayas – le digo mientras intento en no pensar en sus ahora rojos labios – le dan el toque dulce. Bueno, mientras tú te acabas eso, yo te explicaré que son las vacaciones. Son una especie de, descanso de nuestras obligaciones, un tiempo en el que puedes hacer lo que quieras y viajar a donde quieras y puedas ir.
-          No, no tenemos de eso en la Grata.
Joder, no me lo creo, es que la zorra de mi madre además es esclavista, conmovedor.
-          ¿En qué trabaja?
-          Con computadoras, ya te lo dije. A todo esto, ¿Qué edad tienes? Se me olvidó preguntarte eso.
-          Quince
Y eso es el fin para mí, escupo el jugo mientras me ahogo, quince años joder, siento asco de mí mismo, no puedo creerlo, ¿Qué mierda está pasando aquí? Me he pasado el último par de días deseando a una niña, Dios, no puedo aguantar estar en mi piel, me falta el aire, necesito salir.
Aya se acerca a mí con cara de preocupación, intenta darme golpecitos en la espalda pero la aparto muy poco cortésmente, no puedo aguantar que me toque, y de pronto su inocencia pesa aún más sobre mi conciencia
-          Estoy bien – digo mientras intenta acercarse nuevamente - ¡Dije que estoy bien! – grito, no quiero que me toque, soy un monstruo, doy asco – Quince, joder.
Comenzaré a hiperventilar si no me calmo. Necesito un respiro, le digo que prepare sus cosas mientras yo hago lo mismo y me mantengo lo más alejado de ella que puedo. No  lo resisto más y salgo de la cabaña mientras mi estómago intenta escupir lo que he ingerido en las últimas horas, rodeo la cabaña y dejo que todo salga, me doy asco, me siento enfermo.
Voy hacia el pozo y me enjuago la boca, Aya sigue adentro ajena a mi drama personal. Una vez que estamos listo comienzo a caminar en dirección a la ciudad, no la miro, no le hablo, no la toco, estoy demasiado hundido en mi miseria, ¿Qué le dan de comer a las niñas en la Grata? ¿Qué pasa con el pollo y las hormonas? Alguien debería prohibir los alimentos transgénicos, pero Dios, ella no se ve de quince y es tan valiente y madura, y lo sé, puede que sea inocente hasta el borde de lo absurdo pero ¿Qué más opciones tiene? Y de nuevo, según aprendí en historia, antiguamente las mujeres se casaban a los trece y a los catorce ya tenían hijos, claro, eso era en la edad media, pero si las chicas de quince se ven así no me extraña que ya fueran madres a tan temprana edad, comienzo a calmarme y me digo que ella ya es una mujer, o sea, biológicamente hablando al menos, yo pensaba que era mayor, no puedo ser tan duro conmigo mismo, poco a poco comienzo a recuperar mi ritmo cardiaco y sigo convenciéndome a mí mismo que los hombres han tenido esta reacción desde el inicio de los tiempo, pero de nuevo, los hombres solemos ser unos animales que piensan con el pene y yo jactándome de ser diferente, joder, quince dulces años. Solo soy seis años mayor que ella, pero los siento en cada hueso de mí ser multiplicado por mil. Decido no castigarme más con el asunto y juro solemnemente que no la tocaré de una manera que sea menos que casta de ahora en adelante, esto es culpa del pollo y los transgénicos, sí señor, y de la edad media, y de quien sea que hace crecer a las niñas de esa manera.
Si sigo dándole vueltas al asunto terminaré loco, hemos recorrido gran parte del camino, la siento detrás de mí, caminando con esfuerzo y con respiración dificultosa, me preguntó cuánto faltaba hace un rato y respondí con un “poco” algo más seco de lo que pretendía, no puedo tomarla con ella, no cuando estoy molesto conmigo.
Caminamos otra media hora antes de que Aya rompa mi burbuja de autocondena
-          Gato – dice jadeando
-          Ah.
Ni siquiera la miro, no puedo, no aún.
-          Me estoy asando.
-          Ya falta poco, aguanta un poco más.
-          Eso fue lo que dijo hace media hora.
-          No seas llorica. – le digo sin disminuir el paso
-          Explíquemelo otra vez entonces, explíqueme cómo sabe que no moriremos fritos de un momento a otro.
Yo no podía explicarme como no había muerto partido por un rayo antes, o tal vez ahogado con el jugo de sebiata, lo habría tenido merecido.
-          Solo lo sé.
-          Pero el sol es tremendo.
-          Ya, pero nadie muere frito por eso.
-          Alguien tendría que enseñarle modales – dice entre dientes

Sigo caminando hasta llegar al poste, estamos a cinco minutos de la ciudad y creo que podremos descansar aquí, me siento en el suelo y espero que Aya me alcance, pienso en otra cosa, como en su maravillosa capacidad para recordar, nunca me ha dicho cómo lo supo, cómo supo que era única, entera.

-          ¿Cómo te diste cuenta que eras…?
-          ¿Defectuosa? – dice interrumpiéndome mientras se deja caer al otro lado del poste apoyando su espalda en él.
Me rio, ella no es defectuosa, ella es perfecta, es especial.
-          No, en realidad, iba a usar la palabra especial, diferente, ya sabes, distinta al resto. – perfecta repito para mí.
-          Lo mismo, un jodido bicho raro.
No me gusta que se refiera así a sí misma, ella está bien, los defectuosos son los otros, nosotros. El régimen y Adel nos han arruinado, convertido en máquinas sin sentimientos, han destrozado a la humanidad para su conveniencia y disfrute, enloquecido por generaciones y controlado desde su retorcida apreciación de la bondad las vidas de muchos inocentes que no tendrán jamás la oportunidad de decidir por sí mismos, que serán siempre hormigas bajo la dirección de mi Madre.
Me preparo para decírselo, contarle a Aya por qué es tan maravillosa. La sujeto por el brazo y la sacudo
-          No es verdad Aya, escucha lo que te voy a decir ¡Y por favor no te alarmes! ¿Vale? – ella solo se queda en silencio - ¿Vale?
-          Me lo pensaré.
-          Joder - no puede simplemente asentir, no, ella se lo tiene que pensar, y yo aquí intentando abrir mi corazón y poniéndole algo de honestidad a la vida.
-          Sólo diga lo que está pensando.
-          No te lo tomes como algo personal, pero eres exasperante.
-          ¿Eso era lo que quería decir?
-          No, pero me hiciste enojar, así que no te lo diré.
-          ¿Exasperante, en el sentido bueno o malo?
-          No existe sentido bueno para la palabra exasperante.
-          Supongo que no.
-          De todos modos ¿Cómo lo supiste?
-          ¿No es obvio? En clases de Ciencias, desde pequeña todo fue muy claro para mí. De hecho, soy bastante inteligente, entendía a la primera cuando hablaban de las partes del cuerpo, del sistema nervioso, el cerebro, la memoria a corto plazo, largo plazo. Por supuesto, ambas disfuncionales en mí.
-          Hablas de memoria a largo plazo. Pero, me pregunto ¿qué es largo plazo cuando tu único plazo son veinticuatro horas?
-          No para mí.
Después de eso, nada. Ambos nos quedamos en silencio. Sigo pensando en lo que me ha dicho, lo maravilloso que sería recordar cada pequeño detalle de mi vida, no con mis diarios, que son mi manera de conocerme a mí mismo, mi manera de hacer trampa, ese resumen que me ayuda a conocerme a mí mismo día a día, con solo un extracto de lo que soy en realidad.
-          Irah…
-          ¿Sí?
-          Somos nosotros los que estamos mal, por favor no intente convencerme de lo contrario. Nada peor que mentirse a uno mismo; es triste, no lo haga. Yo ya aprendí a vivir con ello, ni siquiera me deprimo ¿Lo ve?
-          Lo tengo clarísimo. – digo con pesar, lo sé, me engaño a mí mismo ahora, robándole instantes a esta inocente chica, deseando que fueran reales, no un sueño que tendrá un amargo despertar.
-          Imagine por un momento ser como el resto, ser normal.
-          Una vez intenté serlo, fueron los peores diez minutos de mi vida — Digo tratando de sacarle un poco de seriedad al asunto, imprimiendo algo de humor a mis palabras, aunque no puedo mantener la máscara cuando le hago la siguiente pregunta— Te gustaría poder olvidar ¿verdad?
-          Más que cualquier cosa. No dolor, no tristeza, no engaños. Nada de remordimientos. Dígame Irah ¿Qué puede superar eso?
Me quedo en silencio, ¿qué podría superar eso? La libertad, la libertad de saber quién eres y saber que no te perderás a ti mismo, confiar en ti mismo para tomar decisiones y sobre todo, amar, ser amado, aunque supongo que cuando eres el único capaz de amar, la indiferencia del resto debe ser un puñal clavándose en ti cada día, minuto a minuto, gesto a gesto.
Retomamos nuestro camino y llegamos al muro en corto tiempo, entro por la cueva hecha de ramas y llegamos frente a la gran muralla que rodea la ciudad. Aya camina hacia ella y pega su nariz al concreto, me parece muy graciosa la forma en que descubre el mundo, maravillándose de todo a su alrededor y no puedo evitar meterme con ella.
-          Confía en mí, olfatear el muro no es la forma de entrar ahí.
-          No estaba olfateando, sólo quería tocar.
-          Pues usa las manos.
-          Estaba por hacer eso, Genio. – dice estirando su mano hasta alcanzar la pared.
-          Son ochenta centímetros de grosor. Hormigón armado.
-          Supongo que habrá una puerta.
-          Supones bien. Ahora que lo pienso, supones un montón de cosas. Ven, sígueme.
Camino rodeando la pared buscando la entrada escondida entre el concreto, estamos solo a unos metros.
-          ¿Cuánto mide? – pregunta Aya a mi espalda
-          No lo sé, unos quince metros.
-          ¿No lo sabe? ¿Cómo puedes saber el ancho y no saber cuánto mide de largo?
-          Es diferente, he medido el ancho – miro mi pie para asegurarme de que la herida aguantará sin abrirse - No soy tan suicida como para intentar escalar este muro –le digo girándome para enfrentarla pero aún me cuesta mirar esos ojos violetas así que fijo mi vista en algún lugar sobre ellos - Tú, por el contrario, no pareces precavida, quiero decir, huiste de la ciudad perfecta sólo para salvar a tu amiga. Y no olvidemos a esa bestia a la que te enfrentaste… Ese hombre. ¡Terrible, terrible! ¿Lo ves? Eres toda una guerrera.
-          ¿Quieres que me suba a ese muro?
Todo atisbo de humor desaparece de mí y la miro ceñudo, no permitiré que se lastime haciendo una estupidez tan tremenda como encaramarse a esta mole de concreto.
-          Ni se te ocurra.
Comenzamos a rodear el muro otra vez y sigo buscando la puerta que he fabricado y camuflado en la pared.
-          En el fondo, es como una caja de zapatos, sólo que más grande e impenetrable – digo mientras mis ojos siguen recorriendo la muralla
-          Ajá.
-          Lo digo en serio Aya. Ahora, observa al maestro. -He encontrado la puerta, escalo un poco y saco la primera piedra, me sujeto - Ahora es cuando tu mochila nos será útil —digo sin mirarla y estiro la mano para que me la pase
-          ¿Y si no tuviera mochila?
-          La tienes, eso es lo que importa. Ahora dámela.
-          Podrías conseguir tu propia…
-          ¡Tengo mi maldita mochila! Sólo la dejé en la cabaña porque vi que tú tenías una y no necesitamos andar con exceso de equipaje, lo último que deseo es llamar más la atención.
Tomo su mochila cuando me la entrega y la doy vuelta sacudiendo su contenido que cae hasta el suelo, una vez vacía comienzo a llenarla con las piedras que retiro para abrir el túnel. Me giro hacia Aya cuando termino y noto que recoge sus cosas.
-          Listo  
-          ¿Y el resto?
-          No hay un resto ¿Por qué otra razón me tomaría la molestia de medir el ancho si no es para atravesarlo?
Arrojo la mochila hacia el túnel y trastabillo un poco, Aya pega un grito de los mil demonios y me apresuro a callarla
-          Shhh!!! Es cierto que el muro es grueso, pero no tentemos a la suerte por favor.
La ayudo a subir al túnel tomándola de la mano

-          Vamos Aya, vamos por Emil.

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Re: El Señor de los Gatos (Sin Historial)

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